Esa frase no es solo una imagen poética: es una clave para entender el trauma desde otra perspectiva. El trauma y el estrés crónico no permanecen solo en los recuerdos, sino que se alojan en cómo sentimos, respiramos y nos movemos. Por eso el Yoga Sensible al Trauma (YST) propone volver al cuerpo no para forzarlo, sino para escuchar y acompañar lo que aparece.
El Yoga Sensible al Trauma, desarrollado por Bessel van der Kolk junto a psicólogxs y profesores de yoga, parte de una idea sencilla y poderosa: nuestro cerebro y cuerpo están en constante diálogo. No vivimos solo desde el pensamiento, sino que vivimos desde lo que nuestro sistema nervioso percibe como seguro o amenazante.
En la práctica, esto significa crear condiciones reales que nuestro sistema nerioso (y nuestro cuerpo) reconozca como seguras: elección, predicibilidad, ritmo propio y recursos somáticos que permitan regular el sistema nervioso. El objetivo no es “arreglar” nada desde fuera, sino facilitar que el cuerpo pueda sentirse seguro desde dentro.
Desde una mirada somática, el cuerpo no es un problema que haya que controlar. Es un espacio que puede convertirse en hogar: con bordes, con sostén, con posibilidad de elección.
Nuestro sistema nervioso está siempre evaluando si nuestro entorno es seguro y, si no lo es, responde activándose (las famosas lucha o huida), o en casos más extremos te bloquea o “apaga”.
La práctica en YST trabaja para que podamos volver a un punto de equilibrio con más facilidad —no para estar siempre en calma (esto sería ilusorio e incluso contraproducente), sino para poder regresar a ella una y otra vez.
El Yoga Sensible al Trauma no es una serie de figuras de yoga adaptadas, sino que es una forma de acompañar. Sus pilares son:
Seguridad: Generar un entorno donde el cuerpo pueda percibir suficiente calma como para empezar a estar más disponible, aprender y conectar.
Elección: Ofrecer opciones que devuelvan la sensación de autonomía y capacidad de decidir por unx mismx.
Conciencia corporal(interocepción y propiocepción): Volver a notar el cuerpo desde dentro y en el espacio, recuperando la sensación de presencia y de identidad corporal.
Presencia: Cultivar el estar aquí, en este momento, como una base desde la que poder sentir y acompañar la experiencia.
Conexión auténtica y humanidad compartida: Crear vínculos desde la autenticidad, reconociendo que lo que vivimos forma parte de la experiencia humana.
Regulación nerviosa: Incorporar recursos que ayuden al cuerpo a encontrar un poco más de equilibrio cuando hay demasiada activación o cuando aparece la desconexión.
Autocompasión: Aprender a relacionarte contigo desde la amabilidad, especialmente en los momentos difíciles.
El Yoga Sensible al Trauma no exige nada, ni siquiera una esterilla, y mucho menos una postura perfecta. Se puede practicar en forma sentada, de pie, en movimiento o en quietud; en soledad o en grupo; presencial u online. Lo más transformador ocurre cuando estas prácticas llegan a lo cotidiano: la manera en que respiramos, cómo nos movemos, cómo nos sentimos.
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El YST no promete un destino fijo; propone una nueva relación contigo mismx: más presencia, más seguridad, más amabilidad. Poco a poco, el cuerpo deja de ser un lugar del que escapar y puede transformarse en un lugar al que volver. Si te interesa recibir la práctica guiada y recursos para sostener este camino, descarga Encarna tus Límites y empieza desde donde estás.